Lo que menos esperaban

Era un día como cualquier otro. Todavía no salía el sol pero Andrés ya estaba en la puerta de su casa dispuesto a irse para el colegio. Se despide de su madre con un beso y un abrazo, es la primera vez que va solo al colegio, su mamá le desea suerte en el nuevo día y le pide portarse bien. Sale con prisa porque ve un amigo suyo en la otra esquina, corre hasta alcanzarlo y lo saluda con un pequeño empujón; su amigo lleva en las manos una pelota que acababa de encontrar tirada así que se van jugando camino al colegio.

Su edad no supera los 7 años, así que no saben nada de los peligros de recoger algo de la calle. Sus madres siempre les insisten en no tomar nada del piso pero su inocencia no permitió que pensaran en algo mal a tomar aquella pelota negra. Jugaban pasándosela se mano en mano sin dejarla caer. Las personas que pasaban por su lado estaban tan distraídas y caminaban con tanto que afán que no se percataron del curioso objeto.

De pronto, Andrés pisa uno de los cordones de su zapato, una sonrisa en su cara refleja la picardía que siente al saber que va a perder el juego cuando caiga al suelo. Su amigo también ríe a carcajadas pensando en su victoria. Al caer todo el ruido que se escuchaba se apagó. Su amigo y compañero de juego no supo qué sucedió solo sintió una fuerte explosión cuando Andrés tocó el suelo, trató de levantarse para continuar con su camino pero no pudo. Sus piernas no se movían, cuando volteó a mirar, no las vio.

Ahora no se escuchaban pasos acelerados, ni timbres de celular, esta vez, el llanto de él era lo único que se escuchaba. Todos los que estaban allí, consternados por lo sucedido, sólo escucharon las sirenas de las ambulancias. Camilo, el amigo de Andrés, perdió el conocimiento cuando intentó levantarse por segunda vez.

La bomba que estalló había sido abandonada unos días antes por delincuentes comunes que frecuentaban el barrio. El único muerto luego del estallido fue Andrés, Camilo fue uno de los más afectados, perdió una de sus piernas pero sigue su vida como mucha serenidad. Las demás personas que transitaban por el lugar resultaron heridas levemente. La madre de Andrés luego de la pérdida, no resistió la culpa de no acompañarlo al colegio debió ser internada en un centro siquiátrico.

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