Articulo de
la escritora Elvira Lindo, dirigido a los periodistas y publicado en el diario
el país de España
Ojalá
que los futuros periodistas se rebelen. Ojalá que a pesar de enfrentarse a un
escenario complicado intuyan que hoy el periodismo es más necesario que nunca y
sean conscientes de que los medios, engolfados con el politiqueo, están
ignorando esas historias anónimas que definirían el extraño momento que estamos
atravesando. Ojalá que no sean cínicos, que ejerzan una crítica implacable
contra esos personajillos que desde hace tiempo inundaron las pantallas y no
han servido más que para sembrar la creencia de que es legítimo ganar dinero
sin hacer el mínimo esfuerzo.
Ojalá
que no sean mansos y no se dejen arrastrar por esa corriente venenosa que
consiste en acudir a las ruedas de prensa para tomar nota sin rechistar. Ojalá
que sean tan honrados como para desconfiar del político que les paga un viaje
convirtiéndoles en parte de su corte. Ojalá que entiendan que el mejor
periodista, en contra de la práctica tan habitual en España, es el que se
mantiene lejos del poder, no el que alardea de estar en la pomada. Ojalá que
defiendan la dignidad de su oficio y que aspiren a ser profesionales y no
eternos amateurs. Ojalá
que tengan el amor propio necesario como para dar más de lo que se les pide, y
que no lo hagan por el medio sino por ellos mismos.
Ojalá
que entiendan que en esta situación económica que va a cambiar la vida de
varias generaciones es necesario darle voz a los olvidados y sólo un buen periodista
puede hacerlo. Dada la precariedad del empleo, la docilidad es tentadora, pero
ojalá que no sean dóciles, porque al margen de la invasión de los opinadores,
que de manera gratuita exaltan (exaltamos) los ánimos de los ciudadanos, nos
hace falta información. Ojalá que haya una nueva generación batalladora que
demuestre que el periodismo sigue vivo, que a lo mejor los que estamos un poco
muertos somos nosotros.
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